La Ermita de la Soledad y la Semana Santa

La Ermita de la Soledad y la Semana Santa

La Semana Santa en Soria se vive de una manera especial. Lejos de las multitudes de otras ciudades, aquí la tradición se expresa con sobriedad y una emoción que cala hondo.

Entre las muchas procesiones que se celebran en la ciudad, hay una que destaca por su solemnidad: la Procesión del Silencio de la Cofradía de la Virgen de la Soledad. Y es que cuando cae la noche del Jueves Santo, las calles se sumen en una quietud sobrecogedora, solo interrumpido por los pasos acompasados de cofrades vestidos con túnica blanca, capa negra y fajín amarillo, y por el sonido de tambores y cornetas que acompañan las tallas de la Virgen de la Soledad y el Santo Cristo del Humilladero.

El punto de partida es uno de los rincones más emblemáticos de Soria: La Ermita de la Soledad en el Parque Alameda de Cervantes (antigua Dehesa de San Andrés). Este pequeño templo tiene su origen en un humilladero del siglo XVI, un sencillo santuario extramuros de la vieja ciudad, mandado a construir por la antigua Cofradía de la Vera Cruz, encargada de dar sepultura cristiana a los reos ajusticiados en la ciudad, y a quienes enterraba en el atrio de la actual ermita.

En aquellos tiempos, hasta allí llegaba la gente de la comarca en los días de mercado para rezar ante la imagen de un Jesús crucificado, denominado Cristo del Humilladero.

Posteriormente, los Condes de Gómara, una de las familias nobles más poderosas de la provincia, promovieron su ampliación añadiendo un majestuoso pórtico y una capilla mayor, en la que se colocaron nuevas imágenes como la Virgen de las Angustias y el Santo Sepulcro.

El Cristo del Humilladero es una talla de gran tamaño fechada en el siglo XVI y atribuida a la escuela castellana tardía, con fuertes influencias de maestros como Juan de Juni. Esto evidente en la expresividad del rostro y la técnica de la figura, con gran realismo anatómico y detalles bien trabajados como la corona de espinas o las llagas.

Pero más allá de su gran valor artístico, la talla del Cristo del Humilladero encarna un profundo vínculo para la ciudad desde hace más de cuatro siglos. La hermosa imagen se conserva todo el año en la Ermita donde se puede visitar.

También procesa Nuestra Señora de la Soledad (Virgen de las Angustias como antigua advocación), una imagen de vestir del siglo XVI, que representa a María en su dolor tras la muerte de Jesús, quien yace en su regazo. La boca entreabierta y la mirada hacia abajo transmiten una emoción intensa, un sufrimiento sereno y profundo. Mientras sus mantos y corona, están ricamente bordados.

A pesar de su devoción centenaria y su relación con la histórica Cofradía de la Vera Cruz, la Virgen de la Soledad no tuvo su propia cofradía hasta 1951. Y será en 1960, cuando a su procesión, se le une el Cristo del Humilladero.