LUGARES MACHADIANOS

LA HUELLA DE MACHADO

Antonio Machado llega a Soria en octubre de 1907, con 32 años cumplidos, tras aprobar las oposiciones en abril. Era ya entonces un poeta reconocido en los círculos literarios (en 1907 publica su segundo libro, Soledades. Galerías y Otros poemas), un hombre de mundo que llegaba a una ciudad de provincias con apenas 7.000 habitantes.

Quien visite Soria en la actualidad, puede seguir las huellas de Machado en una ruta que comienza en el Instituto (1) de Educación Secundaria que hoy lleva su nombre y que entonces era el Instituto General y Técnico. Alojado en un antiguo convento de Jesuitas del S. XVII, conserva intacta el aula en la que Machado dio clase, además de toda la documentación académica que éste dejó como profesor. También encontramos allí, en la parte exterior del edificio, dos esculturas del poeta de diferentes épocas. Una, la cabeza de bronce sobredimensionada de Pablo Serrano (1982) y otra con la figura de Machado sentado, a tamaño real, que representa al poeta en la foto del día de su boda, de Ricardo González Gil (2010), y que se complementa con la de Leonor, ubicada en la Plaza Mayor.

A pocos metros podemos encontrar la iglesia de Santo Domingo (2), construida entre los siglos XII y XIII y cuya fachada es uno de los más magníficos ejemplos de la escultura monumental románica. Todo un libro de piedra de los pasajes de la biblia que fue el lugar de rezos por donde se dejaban ver todos los domingos Antonio Machado y su esposa, Leonor.

No lejos del Instituto se encuentra la pensión (3), alojamiento del poeta desde su llegada y lugar en el que conoció a Leonor, hija de los dueños de la misma. Estaba situada en la Calle Estudios, 7, esquina con Teatinos, y hoy, ya desaparecida, una placa en la fachada del edificio recuerda su existencia.

Con el tiempo, el poeta se fue adaptando a la monotonía de la pequeña ciudad, dedicando los ratos libres a la lectura, a dar largos paseos y a las veladas en el Círculo Amistad Numancia (4), lugar que aún conserva el ambiente de los cafés del S. XIX y al que solía acudir como socio para tomar café y leer el periódico. En este lugar, ubicado en la céntrica calle del Collado, se reunía con su amigo José María Palacio, un funcionario de montes al que dedicó un entrañable poema estando ya en Baeza. Dentro de este edificio se puede visitar el Museo de la Casa de los Poetas (4), un espacio expositivo dedicado a los grandes líricos que cantaron a Soria, que cuenta con una sección diferenciada dedicada al poeta sevillano.

En la pensión, Machado veía a diario a Leonor, en ese momento, una niña de 13 años. El poeta enseguida se fijó en ella, solícita y cordial como era con los huéspedes. Con el paso de los meses, el poeta y la hija de los dueños fueron estrechando lazos, y del cariño y la admiración surgió el amor. La boda se fijó para cuando Leonor cumpliera los 15 años, el 30 de Julio de 1909. Antonio y Leonor se casaron en la iglesia de La Mayor (5), antiguo templo románico. Fue una ceremonia polémica para los vecinos de Soria por la diferencia de edad de los contrayentes. Esta iglesia, que albergó no solo la boda entre Machado y Leonor sino también tres años y tres días después el funeral de la misma, sigue prácticamente igual a como la conoció el poeta, pero hoy, una escultura de Leonor, del artista soriano Ricardo González, que representa la foto del enlace de la pareja, pero con la silla que ocupaba Machado vacía, invitando a los ciudadanos a ocuparla en su lugar, completa un rincón de la ciudad evocador y puramente machadiano, que recibe el nombre de Rincón de Leonor, junto a una plaza que recuerda el enlace de los enamorados. También en la Plaza Mayor, en el Palacio de la Audiencia (6) se encuentra el famoso reloj con su campana a los que el sevillano dedicó unos versos inolvidables.

 

“¡Soria fría! La campana
de la Audiencia da la una.
Soria, ciudad castellana
¡tan bella! bajo la luna.”

Los paisajes y lugares sorianos calaron pronto en el alma sensible del poeta. En sus largos paseos Machado encontró la inspiración para cantar al río Duero, a las colinas nevadas, a los álamos y chopos tatuados con nombres de enamorados que acompañan el camino por la ribera del Duero. Este paseo machadiano de  poco más de un kilómetro entre San Polo y San Prudencio conserva todavía cortezas de los árboles grabadas con nombres de enamorados y desde hace años pueden verse en el entorno esculturas dedicadas de la poesía.

El recorrido, de poco más de un kilómetro junto al Duero, conduce hasta la ermita de San Saturio (7). En esta parada, siguiendo la huella de Machado, hay que destacar que aquí, en la plazoleta que da entrada a la ermita, se celebró el homenaje que los sorianos brindaron a Machado el 5 de octubre de 1932, nombrándole hijo adoptivo de la ciudad y desde entonces este lugar lleva por nombre el Rincón del Poeta. Una placa de bronce con su imagen sobre la roca recuerda ese momento, ya que fue la primera y última vez que Antonio Machado volvió a Soria tras la muerte de Leonor.

Tras su boda, el poeta vivió momentos de gran felicidad en nuestra ciudad. Acudía a sus clases ánimo y entusiasmo y unos meses después del enlace, Antonio pidió al Ministerio de Instrucción Pública una beca de ampliación de estudios para Francia. Se la concedieron, por lo que Leonor y él se trasladaron a París en enero de 1911. Antonio enseñó París a su esposa, disfrutando de una felicidad que no duraría mucho tiempo puesto que en julio, a Leonor le diagnosticaron tuberculosis, lo que precipitó la vuelta de la pareja a Soria en busca de aire puro. Leonor no mejoró, la inmovilidad de su cuerpo iba en aumento y oficialmente falleció el 1 de Agosto de 1912, a las diez de la noche. Los funerales se celebraron al día siguiente en la iglesia de La Mayor. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio junto a la Iglesia del Espino (8), en cuyo atrio un olmo rememora al olmo seco cantado por Machado. La tumba de Leonor es parada ineludible en nuestro recorrido tras las huellas de Machado, a pesar de que el poeta fue incapaz de pisar aquel suelo tras el entierro de su amada.

Si continuamos el recorrido hasta el Parque de El Castillo, (9) que además de albergar el  Parador Nacional que da nombre al poeta, sigue conservando algunos pequeños restos de lo que fue su imponente castillo, que defendió los intramuros de la ciudad y al que no olvida mencionar Machado en sus versos:

“Soria fría, Soria pura
cabeza de Extremadura,
con su castillo guerrero
arruinado, sobre el Duero;
con sus murallas roídas
y sus casas ennegrecidas.”

Finalmente, y como broche de oro a la visita Machadiana de la ciudad es indispensable acercarse hasta el otro cerro de la ciudad, ya que a su llegada, Antonio alquiló una casita en el camino del Mirón (10). Por este paseo, que lleva a la ermita barroca del mismo nombre, el poeta acompañaba a su mujer, débil y enferma, empujando su silla de ruedas. En la actualidad, una escultura con las siluetas recortadas de Machado y Leonor evoca la presencia de ambos por aquel lugar. Ésta se encuentra en el final del paseo, en una placita llamada de “Los Cuatro Vientos”, con estupendas vistas panorámicas de la ciudad,  del Duero y de los restos mejor conservados de la muralla de la ciudad medieval, y según algunos estudiosos allí estaba el olmo seco del poema machadiano.

Longitud 7,7 Km aprox.
Tipo Urbana y periferia (parques y márgenes del Duero)
Dificultad Baja-media
Terreno Calles, carreteras y caminos
Folleto Ver/Descargar folleto